Etiqueta: muerte

artículo de opiniónSin categoría

¿Seré yo el siguiente?

 

Niza. Paseo de los ingleses.Cada vez con más frecuencia suceden cosas que escapan a la razón porque se gestan en el odio, en las zonas ocultas del ser humano, en el  sinsentido, en la no-alma. Fuera de la conciencia. Se crían y desarrollan en las aguas pestilentes del rencor y resentimiento. De ahí se alimentan y cogen fuerza para llevarse por delante a quienes menos culpa tienen, para arrollar a víctimas inocentes cuyo único delito es ser presa fácil de su furia perversa.

NizaAyer, 14 de julio, Francia celebraba su Fiesta Nacional y alguien, que desconoce la fraternidad, se ha encargado de llenar esta fecha de muertes  y de dolor. El odio es el arma de destrucción masiva más barata y eficaz que existe, más si quien la perpetra pone su propia vida al servicio del mal. El último ejemplo lo ha sufrido Niza,  la bella ciudad de la Costa Azul francesa.

Y ante esto qué podemos hacer los ciudadanos, además de sentir impotencia y pensar:francia-luto-vectorial-grande2 «¿Seré yo el siguiente?».

 

 

destacadopoesía

Nacer en otoño

IMG_7011 Otoño 2Me dieron a la luz

cuando las sombras acechan,

y la vida y la muerte

se observan.

Pues yo nací en noviembre,

en el otoño,

cuando el sol se fatiga

y la noche se alarga,

y el mundo se diluye

entre las hojas

que se abaten y caen.


El viento las empuja

sin destino.

Y mil huellas las pisan…

Que una hoja caída

es una ola

sin mar,

o una nube

sin cielo.

O un hombre sin amor.

O un amor sin mujer.

O quizás nada.

Nada.

Y mil huellas las pisan…

Y, cuando llueva, algunos pararánIMG_7020 Otoño2

a oler las hojas,

la humedad de la tierra.

Y yo descubriré cómo resiste

la gota sobre la hoja moribunda.

Mis ojos se colorearán de otoño,

y mi alma de agua y de tierra,

muerte y vida,

de hojas y amor.

De todo.

safecreative_logo_s

bellodestacadointeresanterelato

Los dedos del aire

Mila Martos

Mila Martos, “Desnudo X”

.                                           

El día se enciende con la fuerza de la vida nueva: la primavera ha llegado. Blanca pasea entre el ir y venir de la gente que sabe adonde va y le pone sentido a cada paso. Huele a aromas recién brotados. Sin embargo, ella parece disociada de la maravilla que la rodea. Absorta en lo suyo, no lleva rumbo y cree que tampoco destino. Está agotada y busca un lugar donde descansar. Mira en derredor y localiza las escaleras de piedra que bajan al mar. Decide sentarse y permanece, inmóvil, con la mirada perdida. Nada le interesa; ni siquiera es capaz de pensar. Bueno, pensar sí, pero solo en lo que la tiene en vilo últimamente. No se cree lo que le han dicho. No, a ella no; esto siempre les sucede a los demás. «¿Por qué a mí? Seguro que es un error, y quedará en nada. ¿Y si no fuera así?, y se cumplieran los peores pronósticos. Ay, tendré que contárselo a Alberto y tomar una decisión, o quizás no. No quiero preocuparlo y tampoco dar pena. ¿Qué hago…? ¿Qué debo decidir si…?» Contempla el mar repleto de luces insultantes, inmenso y azul. Hay gente, quizás cerca, oye reír; ¿cómo pueden…?, ¿cómo pueden ser ajenos a su desgracia? ¿Cómo puede el día lucir así? Casi es una provocación. Recibe un golpe bajo y la vida gallardea su belleza. ¿Cómo puede…? Leer Más