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12 de Octubre: Día de La Hispanidad

Yo sí estoy orgullosa de pertenecer a una comunidad que sobrevuela océanos y traspasa fronteras. Orgullosa de hablar una lengua que no entiende de pasaportes y se cuela en más de veinte naciones. Yo sí estoy orgullosa de recordar a aquellos, reyes y conquistadores, que hicieron posible esta hazaña. Orgullosa de celebrar lo que le podía haber tocado a cualquier otro país, pero fue el nuestro, España, el elegido por la fortuna.

Se dirán muchas cosas: buenas y malas. Sin embargo, pocos recordarán las palabras del gran poeta chileno, Pablo Neruda, agradeciendo la herencia que dejaron los españoles en América: la lengua. El español. Sin él, seguramente, no estaríamos celebrando el día de La Hispanidad.

Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

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SEPTIEMBRE

Fotografia de Sole Morais.

Fotografias de Sole Morais.

Es el retorno a casa, al trabajo, al colegio o a la Universidad. Mes de puesta a punto; de hacer acopio para los días venideros; de preparar el paso de la vida al aire libre, al retraimiento del hogar. Es puente, vínculo, lazo. Tiempo de despedidas y arribadas.

Los que vivimos en lugares cálidos y costeros observamos cómo desaparecen los veraneantes, cómo  las playas recuperan su belleza original, cómo el sol se relaja y las nubes acampan a sus anchas, cómo crece la noche. Pero septiembre todavía sabe a verano y a mar.  Aún tenemos prendida en el cabello una caracola, su espuma enredada en nuestros pies, en nuestra canción preferida rompen las olas. Y el recuerdo de algún amor adolescente que partió cuando él llegó.

Recuerdo también a aquellos a los que el mar no ha querido esconder en su lecho, a aquellos que ha devuelto para despertar nuestras conciencias y nuestro corazón. Todos sabéis de qué y de quién hablo, porque este  septiembre llevará su nombre.

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Del verano y otras cosas

                                           feliz-verano

Ya está aquí el verano, y pisando fuerte. ¡Vaya calores que ha traído! Como si Faetón nos sobrevolara bajito, bajito. Que los dioses escuchen nuestras súplicas y aires frescos se lo lleven.

Viajar parece la salida natural del verano; ansiamos unas merecidas vacaciones. Creemos que escaparnos de nuestro espacio cotidiano y sus rutinas nos ayudará a olvidarnos de los problemas. Pero no es tan fácil… Como los quebraderos de cabeza no ocupan lugar, sin notarlo se cuelan en las maletas y nos amargan el viaje.

No es mi intención convencer a nadie de que no es necesario trotar por el mundo, conocer otros países y a otras gentes para airearse y relajarse. Y para ser felices. Entre otras cosas, porque negar sus evidentes bondades y beneficios sería estúpido. Solo que los indecisos, los que todavía no sabemos qué haremos, nos mareamos entre los vaivenes del pensamiento. Seguro que algunos ya las están planeando con decisión; otros, disfrutándolas.

Disfrutar, palabra que recuerda a fruta: «dis- fruto», «dis-fruta». Y digo yo: ¿No es una delicia comerlas? ¿Y qué me dicen de las frutas del verano?: cerezas, melón, sandía, peras, higos, melocotones…

Verano, vacaciones, viajar, olvido, problemas, disfrutar, frutas. Y melocotones. Si he comenzado hablando de las altas temperaturas de este verano, pensarán que qué hago ahora mencionando  estas frutas. Comprendo su posible perplejidad; pero enseguida entenderán el porqué de esta asociación disparatada, aunque solo en apariencia. Gracias a estas pelotitas sonrojadas, me he embarcado en otro viaje: el interior.

melocotonSí, ya sé que para muchos no son las frutas más románticas. Sin embargo, siempre que vuelvo a los veranos de mi infancia, los recuerdo. También dicen que no tienen la belleza de las cerezas, con las que jugábamos a colgarlas de nuestras orejas. Tampoco poseen la fresca voluptuosidad de la sandía o de la fresa. Pero yo tengo grabado el impacto que me producía su olor, su tacto, su sabor. Esas bolitas de carne aterciopelada eran una de mis pequeñas gozadas en aquellos días. Asocio tantas cosas a ellos…, como, por ejemplo, cuando oía a mi tía decir: «¡Estos melocotones ya no saben como antes!». Curiosamente, ahora soy yo la que exclama al comerlos: «¡Ya no son los de entonces!». Y qué me cuentan de su sonido. Es una joya de ejemplo para comprobar la evolución fonética de un niño: ton, potón, cotón, potones, cotones, motones, mocotón, mocotones… Hasta llegar al ansiado «melocotón» y su plural, es toda una carrera de obstáculos que hay que ir superando uno a uno. Yo ahora entiendo por qué cuando pedía esta fruta se partían de risa los mayores. ¿Hay algo más tierno que escuchar a un pequeño pedir un potón o un mocotón? ¡Para comérselo!

Otro recuerdo de los veranos de mi niñez es un olor que se encontraba escondido en la esquina del jardín en el que solía jugar y yo me acercaba a aquella zona recoleta guiada por mi olfato atávico sin reconocer a su portador; después, identifiqué las florecillas que liberaban sus fragancias al aire; y, finalmente, aprendí su nombre: jazmín.El-jazmín-del-país-05

¿Y por qué cuento todo esto? La verdad es que no lo sé. Yo empecé hablando del verano, del calor, de las vacaciones, de los viajes… Y de problemas. Bueno, ahora, a saborear los días de libertad que nos da el verano. Por supuesto, a mandar también de vacaciones nuestras preocupaciones y ojo con ellas, porque con eso de que no necesitan espacio ni billete, en cuanto nos descuidemos las tendremos al lado. ¡Son unas ordinarias! Siempre igual, a ver si nos dejan escapar de la rutina y experimentar algo maravilloso y ¡extraordinario!

A disfrutar del presente como nunca, porque, afortunadamente, hoy como ayer, todavía podemos comer melocotones al mismo tiempo que nos envuelve un aura de jazmines.

¿Pero yo no hablaba de verano, calor, vacaciones, viajar, olvido…?

                                                                     ¡Feliz verano 2015!

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