Día de Todos Los Santos



Dicen que en estos días es cuando las floristerías hacen su mayor número de ventas, superando, incluso, al Día de San Valentín. Y es que todos, creyentes o no, aprovechamos estas fechas para homenajear a nuestros muertos: limpiarles la tumba, llevarles flores, recordar con ellos  los momentos vividos juntos. Y algunos, también, rezamos.

 La iglesia primitiva acostumbraba a celebrar el aniversario de la muerte de sus mártires el 13 de mayo. Pero fue Gregorio III quien cambió la fecha al 1 de noviembre para hacerla coincidir con los cultos paganos de los pueblos celtas y del norte de Europa, y así  ir asimilándolos. El Papa Gregorio IV, en el siglo IX, extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, propició que se celebrara universalmente.  El Día de Todos los Santos procede del Samhain  de origen celta, la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre era el final de las cosechas, era una fiesta de transición: la apertura al otro mundo, el comienzo de la estación oscura. Su etimología es gaélica y significa «fin del verano».

En el mundo celta, durante el Samhain las almas de los difuntos podían caminar entre los vivos, era una oportunidad para que los vivos pudieran reunirse con sus antepasados muertos. Para alejar a los espíritus malignos y tenerlos contentos se dejaba comida en la puerta de casa; origen de la costumbre actual de ir los niños de casa en casa pidiendo dulces. Con la cristianización el Samhain fue poco a poco desapareciendo.

Durante el Samhain era costumbre vaciar nabos (posteriormente calabazas) y ponerles dentro velas para iluminar a los muertos, algo que ha tenido continuidad en el actual Halloween, que llevaron los irlandeses a Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX.

En muchas partes de España, se mantienen tradiciones funerarias en estas fechas hijas de las tradiciones celtas. En Galicia, tenemos el Samaín, voz gallega que proviene del término gaélico Samhain. En Lugo, Ferrol, La Coruña, Cedeira y Ribadavia  existía la costumbre de las calabazas en el culto a la muerte. Hay que señalar que la usanza de secar las calabazas y encenderlas por dentro es a partir del siglo XVI con la llegada de esta hortaliza de América. Hasta entonces la costumbre era iluminar las calaveras de los muertos para ahuyentar los malos espíritus y ponerlas junto a los cruceiros de los caminos, por los que pasaría la Santa Compaña.

El Día de todos los Santos, uno de noviembre, se complementa con el Día de los fieles Difuntos, el dos de noviembre. Para la iglesia católica su finalidad es orar por los difuntos que vagan sin reposo porque están en proceso de purificación en el Purgatorio. En Méjico, El Día de los Muertos es de origen prehispánico,  se celebra el día 1 y 2 de dicho mes, y coincide con las dos celebraciones católicas. También se celebra en otros países de América, incluido Brasil.

En Castilla hay muchos cuentos que recogen la tradición de que en estos días retornaban los muertos a sus antiguas moradas, para comer, para calentarse en su fuego, para acariciar a sus seres queridos o para vengarse de aquellos que no se portaron bien con ellos en vida. Recomiendo el libro Cuentos populares de Castilla y León¹.

Don Juan TenorioMuchos de nosotros recordamos con cariño a nuestras abuelas rociando las paredes con agua bendita, encendiendo velitas que flotaban en aceite… En fin, preparando el hogar para esos «otros» visitantes de la noche. Muchos de nosotros recordamos con cariño aquellos años en los que era costumbre representar en los teatros y en Televisión el Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Yo, si puedo, procuro representar algún acto con mis alumnos por estas fechas y la experiencia siempre es muy gratificante. También, El monte de las ánimas de Bécquer y sentir cómo el silencio se va apoderando de la clase mientras leemos:

O leer el genial microcuento del libro Los muertos y las muertas² de Ramón Gómez de la Serna: Aquella muerta:fullsizeoutput_1149    

IMG_1323Y para no olvidar ninguna tradición, aconsejo que acompañemos nuestras lecturas saboreando deliciosos huesos de santo y buñuelos. Quienes lo hacen salvan un difunto del infierno. Por nosotros que no queden ni dulces ni almas vagando en pena.

  BiBLIOGRAFÍA citada:
  1.  Cuentos de Castilla y León
  2. Los muertos y las muertas
 

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