En Navidad

 

Siempre me pillan por sorpresa las fechas que tienen eterno retorno. Sí, de nuevo, Navidad, la que invita al amor, a la paz, a la unión, al recogimiento, a la generosidad, a las bellas canciones, a los sentimientos hermosos. A dar lo mejor de nosotros mismos. Una amiga suele decir que debería ser siempre Navidad. La pena es que es una tregua en un mundo cada vez más incierto y hostil.

Con frecuencia, ante tanta magia, una se siente consternada, con la sensación de no estar a la altura. Y es que, frente a las bondades absolutas, se nos presenta una realidad fea, capaz de provocar disgustos en cualquier momento del año, sin embargo, en este semeja casi un delito. O un pecado. En cualquier caso, produce tanto malestar y tristeza que muchos lo único que ansiamos es que pase lo antes posible.

Aunque lo parezca, no es mi intención ironizar sobre una festividad tan dulce. A mí también me gusta. Me gusta la vuelta a casa de los que están lejos, reencontrarme con las personas que quiero, adornar de luces mi hogar, pensar en cómo hacer más felices a los míos, disfrutar de ellos como si el tiempo helado me los fuera a arrebatar. Me gusta creer que cesarán las bombas, que habrá comida y cobijo para los que no lo tienen, que a nadie le faltará una mirada comprensiva ni un cálido abrazo. Me gusta recordar que hace muchos años alguien se hizo carne para enseñarnos a amar.

Ya sé que la vida no es eso. Pero debería. Y por ello la Navidad nos regala una mirada diferente para lo que nos rodea. Nos concede el don de convertir en precioso lo que no lo es. De esto sabía mucho un pintor sevillano del que celebramos el IV Centenario de su nacimiento. Le tocó una época en la que la miseria, el hambre, la enfermedad y la muerte formaban parte de la rutina diaria. En ese sálvese quien pueda, él supo descubrir la bondad oculta de las cosas. Y, en un mundo dominado por la picaresca, creó el antipícaro.

Seamos todos un poco Murillos, y dibujemos con trazos de ternura nuestro entorno, coloreemos de amor nuestras relaciones, hagamos contrastes con la generosidad, difuminemos con sonrisas las veladas. ¡Es tan corta la Navidad y es tan breve la vida!

 

Murillo: «Sagrada Familia del pajarito». Museo del Prado

 

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