Mes: mayo 2016

crónicadestacado

Primer aniversario

Es difícil volver sin explicar este largo silencio. Un invierno mudo. Quizás, esperaba que se definiera como tal para poder hablar de sus rigores. Pero su comportamiento ha sido atípico, como lo es todo lo referente al tiempo en los últimos años (¿hace falta más para creer en el cambio climático?). Quizás, me dediqué a ivernar. Quizás. Y ha sido wordpress quien, con su felicitación por mi primer año, me ha despertado cual Belladurmiente con un gran beso virtual.

Mientras dormía han ocurrido cosas en el mundo y en mi vida. De las del mundo ya todos tenéis noticias; y de las mías, pocas hay que merezcan salir del anonimato por anodinas y vulgares. Pero la ilusión y la sensibilidad no lo son, aunque se vistan de diario. La vida fluye y se llena de experiencias, y si no me han sucedido, las he leído; y si no, las he observado y sentido como propias.

A todos los que os asomabais a mi blog, a mi casa, en busca de mi voz y no tuvisteis respuesta os comento que he escrito algunas cosillas —mucho menos de lo que debería—. Alguna ya ha sido publicada y, además de la satisfacción de ver el libro, ha sido una gozada poder conocer a las mujeres impresionantes con las que comparto obra y trabajo. También he recitado poesía y me ha encantado la experiencia. Si de un libro salen más libros, de un recital también surgen otros. Me siento muy agradecida y abrumada por la responsabilidad. Sé que nada es fácil y todo exige dedicación y esfuerzo. A veces, dudas de todo cuando miras a tu alrededor y gente muy valiosa (pienso en una escritora y amiga) que, aun siendo reconocida, no recibe todo lo que merece.

De la enseñanza vivo, que no del cuento —¡ya quisiera!—, y alguna satisfacción cae de vez en cuando. He acompañado durante el curso la escritura de alumnos que aman la literatura. Y he sido partícipe orgullosa de los premios recibidos por algunos de ellos. Curiosamente, el mayor piropo que he recibido me lo dio un alumno: «Me gustaría que mi madre fuera como tú». También soy madre —y he plantado un árbol—. La pequeña, a mi lado; el mayor, allá por Flandes, formándose. Y de los dos recibí un te quiero, mamá, el primer domingo de mayo. Bueno, también mi blog se acordó de mí y rememora su feliz alumbramiento. Tres, no dos, hijos tengo. Lo demás, «polvo, humo, nada».

 

 

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